Del todo a las partes, y vuelta (dividir para vencer)


Una de romanos 

Estoy seguro de que todos hemos oído en más de una ocasión la famosa frase atribuida a Julio César "Divide y vencerás". Sin duda este planteamiento puede ser de mucha utilidad para todo aquel que aspire a ser emperador romano, aunque la verdad es que estas tres palabras resumen muy acertadamente cómo funciona nuestro cerebro a la hora de adquirir cualquier tipo de habilidad.

Estamos tan acostumbrados a tratar con actividades complejas que muchas veces olvidamos que estas se componen de pequeñas habilidades altamente especializadas y combinadas entre sí. Pensemos por ejemplo en algo tan habitual como montar en bici, manejar un cubierto para comer, o utilizar el mando de nuestra Play Station compitiendo online con jugadores de todo el mundo... cada una de estas actividades es un ejemplo de un "todo" compuesto por múltiples partes de las que, a base de repetirlas, hemos dejado de ser conscientes.

Podríamos decir que una habilidad compleja es como una malla compuesta por múltiples eslabones enlazados entre sí. Cada eslabón es fundamental, pero ha de estar en contacto con los demás para poder formar la malla. Si queremos crear la malla de una nueva habilidad, debemos forjar cada eslabón individualmente, y enlazarlo con el resto.



¿Cómo aplicamos esto a la batería?



No es raro comprobar que los instrumentistas que han alcanzado un nivel de maestría comparten al menos un rasgo en común: saben cómo practicar con su instrumento de una manera productiva, eficaz, y sistemática. A la hora de estudiar nuevas técnicas y habilidades, nuevos grooves, frases, motivos... son capaces de desmenuzarlos en componentes pequeños, buscando dónde están aquellas partes que presentan más dificultad y trabajando en ellas individualmente, para luego entrelazarlas y lograr un todo.

A la hora de estudiar un nuevo groove, o rudimento, o fill, o lo que quiera que estemos trabajando, la mejor manera de abordarlo es dividiéndolo en componentes manejables, que nos permitan poner en ellos toda nuestra atención hasta que los asimilemos. El siguiente paso es combinarlos entre sí, de menos a más, hasta lograr componer la totalidad de ese groove/fill/etc...



Beneficios de dividir las tareas en componentes pequeños


La razón de que este enfoque funcione viene dada por el hecho de que nuestro cerebro sólo es capaz de concentrarse en un único elemento a la vez. A cambio, cuando estamos trabajando con este nivel de concentración, el aprendizaje que se produce es muy sólido, aunque lleva tiempo.

Al dividir una tarea compleja en componentes sencillos, permitimos a nuestro cerebro centrar todo su potencial en los mismos, siendo capaz de entender qué está pasando en cada momento. Podemos así concentrarnos en diversos aspectos como el sonido, el feel, la dinámica, la precisión... en definitiva, todos aquellos rasgos que caracterizan la práctica con calidad de la que ya hemos hablado.

Además, al trabajar de este modo estamos fijándonos en los posibles errores, por qué se producen y en qué lugares, para que a través de las sucesivas repeticiones vayamos corrigiéndolos y evitándolos. Esto nos lleva a una comprensión profunda de aquello que estamos trabajando, y además evita que adquiramos errores debido a una mala práctica.



Uniendo los eslabones


Una vez que hemos trabajado distintas partes por separado, llega el momento de juntarlas. El procedimiento es el mismo: prestar atención a cómo se enlazan y relacionan cada una de las partes con las demás. Por ejemplo, si estuviésemos trabajando con la cáscara en la mano derecha y la clave en la mano izquierda, deberíamos ver dónde coincide cada golpe, su relación dinámica, el sonido del patrón al combinar las manos... Además, aquí también es necesario ir por partes, desde grupos más pequeños a otros más grandes (siguiendo con el ejemplo de la cáscara, habría que trabajar cada compás por separado, y luego unirlos).



Unos últimos consejos


Para acabar este artículo, quisiera recordar la necesidad de trabajar el material nuevo a un tempo lento. Recordad que se trata de que nuestro cerebro sea capaz de asimilar de la mejor manera aquello que estamos estudiando; para eso es necesario que le de tiempo a pensar en lo que está ocurriendo en tiempo real.

También quiero destacar que a la hora de unir los diversos componentes en partes más grandes, o en el todo, debemos buscar el feeling del conjunto acabado. Si estamos trabajando en un groove complejo (volvamos al ejemplo de cáscara, clave, y añadamos el tumbao con el bombo), a la hora de tocar todo junto tenemos que prestar especial atención a la cadencia, las relaciones, a cómo camina. No queremos que nos suene como un aglomerado de partes juntadas entre sí, sino como un todo orgánico, musical. Pensemos en esa malla de la que hablábamos al principio: queremos que sea una malla elástica, y no un muro de eslabones.

Espero que este artículo os sirva en vuestra práctica diaria. Recordad que si tenéis cualquier comentario o duda, estaré encantado de responderos.

¡Un saludo y buena práctica!

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